lunes, 12 de octubre de 2015

Los combatientes del Alto de la Alianza


En las lomas del Inti Orko (Alto del Sol) a 8 kms de Tacna, en una llanura medanosa que se extiende de sur a norte como una sabana de arena interminable, el 26 de mayo de 1880, tuvo lugar la más trascendental,  dura y sanguinaria contienda que libró el Ejército de Bolivia para rechazar la invasión chilena en la guerra del pacifico. La Batalla de Alto de la Alianza. En aquel ínclito día 5.500 bolivianos y sus aliados peruanos con un contingente de 6.500 efectivos combatieron contra 18.700 chilenos. Los soldados y oficiales y bolivianos - en su mayoría héroes tarijeños – venían de vencer (casi a las pedradas) al ejercito chileno en el “espejo de agua Kocha” el 12 de Noviembre de 1879, en la poco conocida batalla de “Canchas Blancas” y unos días luego el 6 de Diciembre, en la batalla de “Tambillos” cuando fuerzas armadas chilenas intentaron tomar San Cristóbal de los Lipez, a 290 Kms al sud este de Potosí.
Llegaron a pie a Tacna, luego de muchas semanas de marcha, para acantonarse allá por casi un año. El batallón Sucre, (K’ellu Runas, hombres de amarillo) se distinguía por su chaqueta amarilla, con puños y cuellos rojo y pantalón blanco de bayeta, con el borde doblado en el bota pié. Las ordenes fueron esperar al enemigo a 18 grados de latitud sur. Desde que el ejército ocupó las posiciones en el Inti Orko - el 10 de mayo de 1880 - el comandante boliviano Narciso Campero realizó diariamente maniobras que simulaban todas las variables posibles del ataque enemigo; y se calcularon y señalizaron las distancias para graduar con prontitud el alza de los cañones y de los fusiles. Esto permitió al sanguinario coronel chileno Pedro Lagos, incansable en el caballo, conocer con exactitud la localización del campamento aliado. Por otra parte unos arrieros chilenos con 60 mulas, tomados prisioneros horas antes de la batalla, ya habian confesado que su ejercito estaba en Quebrada Honda, a 12 kilometros de distancia y que sus reservas de agua se habian extraviado.
El batallón Sucre contaba con 470 hombres entre tropa y oficiales al mando de Cnel. Eliodoro Camacho. Fueron apostados en la vanguardia del sector izquierdo, aquel por donde se iniciaría la carga chilena. Manuel y Enrique, nombres con los que fueron bautizados los heroicos combatientes por las arqueologas de la “Brigada Naval” que los encontró en el 2008 y recientemente repatriados y honrados por el gobierno nacional, fueron parte del Sucre junto a los soldados Manuel Corrales, Baldometrio Pedraza, Demetrio Mariaca y Y David Pardo (Los héroes Olvidados, Cesar Augusto Salomón – 2009) (Luis Oporto Ordoñez- 2007).
Como ya conocian la localizacion del enemigo, noche antes, el comando superior de Camacho y Montero dispuso un plan no muy bien bosquejado de atacar al enemigo mientras dormia. Las columnas fracasaron por el extravio de las secciones destacadas en una oscura noche de niebla, en medio de la camanchaca, sin luna ni estrellas. Tuvieron que volver sin pegar los ojos, aun luego de que la columna de la quinta division peruana al mando del Cnl. Luis Herrera llegara hasta la misma linea chilena y esta, sorprendida, hiciese disparos de artilleria inclusive contra su propia tropa.




La generala del clarín del alto de la alianza sonó a las 6 AM. El fuego de las baterías chilenas copiosamente servidas por artilleros ingleses y alemanes retribuidos en oro, se inició nutridamente desde el flaco izquierdo seguida de una frondosa caballería. El contacto sucedió a las 11 de la mañana. La respuesta de gran factura de los aliados, la mayor parte insomnes, obligó inicialmente al enemigo a retroceder. El fuego era tan vigoroso que parecía un redoble de tambores (Luciano Ortiz – 1880) Entre ataque y contraataque, fue ordenado el ingreso del Batallón de los Colorados de Bolivia para apoyar a los combatientes del Sucre y del Tarija. Desde el amanecer, Juancito Pinto orientaba las maniobras de la tropa con toques de tambor. Las legiones aliadas rechazaron con honor y denuedo  el ataque militar de chileno en las primeras horas. Con el pasar del día, desprovistas de municiones y refuerzos, fueron sometidas y lucharon hasta el último halito de su vida en defensa de Tacna. Al atardecer, miles de cuerpos de soldados yacían sin vida. Los Kunturis (enviados de los espíritus) contaron que al no tener órdenes que cumplir, Juancito Pinto de12 años se aproximó a las trincheras para reconocer a algunos jefes y soldados heridos, conmovido por la tragedia junto a Miguel, Enrique y Demetrio aun en combate, obtuvo un arma y un morral de municiones para ingresar a la batalla en medio de los feroces estruendos de cañones y ráfagas de la fusilería chilena.

“Los estragos causados por el fuego enemigo han sido espantosos. La mayor parte ha recibido una herida fatal en la cabeza y han quedado en la actitud en que se encontraban en el combate”. (Rodríguez Ostria - 2015)
Tras agotar las municiones y sufrir devastadoras bajas, a las 3:30 p.m. las fuerzas aliadas abandonaron dispersas el campo de batalla. Los 11.800 soldados restantes del ejercito chileno, terminada la batalla, recorrieron el campo ultimando a los heridos y rendidos, aventando a los muertos y moribundos por los aires. A este acto de barbarie casi increíble, los chilenos le dan el nombre de repase (merienda) y de ello se jactan..." (Mariano Paz Soldán - 1884)
A las 5:00 p.m. el ejercito invasor ocupo la ciudad de Tacna, con un inenarrable vandalismo. La resistencia de los civiles en las calles fue inútil ante la fiereza del numeroso ejército chileno. Tras el fracaso, las fuerzas bolivianas se replegaron al altiplano y el 26 de Mayo se declararon oficialmente fuera del conflicto (Pablo Salazar - 1883)



Se consumó el sacrificio... abrumados por el número y la superioridad de elementos, hemos cedido después de 4 horas de sangrienta batalla.
Muchas víctimas, mucha sangre preciosa le cuesta a la nación, pero cábeme la satisfacción de decir, que la mayor parte de los jefes y oficiales del ejército boliviano han restaurado el crédito de nuestras armas: casi todos han cumplido heroicamente su deber. Nuestras filas han destrozado las filas enemigas causándole 600 muertos y 1500 heridos. Nuestras bajas alcanzan a 1200 muertos e igual número de heridos. (José Manuel Pando -1880)
A pesar de los desacuerdos entre los historiadores, los héroes bolivianos defendieron hasta sus últimos cartuchos a la “barrera de Tacna” perdieron siete mil hombres y se replegaron del campo de la alianza, aguerridos pero recelosos de que las tropas chilenas pudieran ingresar hasta las alturas de La Paz
A algunos de los valerosos soldados bolivianos, el ejercito peruano en retirada les dio cristiana sepultura. Los mas, fueron fusilados, asaltados y bolsiqueados. A Juancito Pinto y a su tambor, a Manuel y Enrique, y a tantos gloriosos paladines nacionales olvidados por el tiempo, los arenales del Inti - Orko los cubrieron de gloria. Murieron como saben morir los heroes, frutos de maduracion tardia.
Y la reciente aceptacion de La Haya, honra aun más su memoria.

Tal fue el famoso combate del Alto de la Alianza